El año pasado un grupo de parlamentarios franceses presentaba una propuesta legislativacuya finalidad era luchar contra el desperdicio de alimentos, en ella se solicitaba que los supermercados y grandes tiendas donaran los alimentos próximos a caducar pero todavía aptos para comer a bancos de alimentos y organizaciones benéficas. En esta propuesta también se apuntaba que estos alimentos no se podrían comercializar a un precio rebajado del 50% como han hecho algunos comercios hasta la fecha. Pues bien, ha pasado casi un año desde que se presentó esta propuesta y ahora el Parlamento del país la ha aprobado.
¿Qué ocurre una vez que esos alimentos han sido donados? Pues estas asociaciones deben recogerlos (sin tardanza)y tener refrigeradores y congeladores para mantenerlos como lo mandan los estándares de mantenimiento de comida.
¿Qué ocurre en México con el desperdicio de alimentos? ¿Existe una ley para prohibir el desperdicio de alimentos?
En el marco de la puesta en marcha de la Cruzada Nacional contra el
Hambre, la Asociación Mexicana de Bancos de Alimentos (AMBA) alertó: todos los días se desperdician en el país más de 30,000 toneladas de alimentos en buen estado.
«La mayor parte se registra en centrales de abasto, tiendas de autoservicio, restaurantes, hoteles, mercados, así como en miles de hogares donde no se planifican de manera correcta compras ni consumos», dice la AMBA.
La Asociación asegura que si en el país se lograran recuperar dos terceras partes de ese desperdicio (20,000 toneladas), no habría pobreza alimentaria en el país».
Al respecto, el portal Ciudadanos en Red recordó que, si bien uno de los principales aspectos de la cruzada es utilizar los bancos de alimentos para llevar la comida a regiones alejadas, «la falta de una buena estrategia de redistribución, las malas prácticas en la conservación, transporte y distribución de alimentos, así como los costos de llevar los alimentos a lugares distantes provocan que los bancos de alimentos sólo recuperen unas 328 toneladas de alimentos al día».
Agrega que hay una serie de prácticas en el manejo de alimentos que provoca su desperdicio, pero que podrían ser perfectamente aprovechables: «Por ejemplo, los golpes en latas o empaques, que hacen que los comerciantes no los prefieran en las tiendas y que el comercializador no tenga más remedio que regresarlos al distribuidor, quien en muchas ocasiones, al no encontrar alternativa de venta ni de donación a bancos, los termina tirando».

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