Para pararse en la carretera: El Rancho.
De verdad hay muy buenos esfuerzos en servir auténtica comida del noreste en el noreste ¿no lo creen? Pero quizás los mejores exponentes de nuestras raíces las encontramos a la orilla de la carretera, ahí donde los choferes de autobuses, turistas y vecinos, abarrotan los lugares.
Pues El Rancho, que se encuentra en medio de la autopista Monterrey-Nuevo Laredo, no es la excepción.
¿No les pasa que siempre entran con toda la desconfianza a este tipo de lugares? 1. Porque no por estar en la carretera significa garantía de sabor. 2. Porque siempre desconfío de los lugares turísticos, al menos para comer. Pero para ser una “panza aventurera” tenemos que aflojarnos y ceder un poco para descubrir cosas asombrosas. ¡La vida te da sorpresas!
Es la parada obligada nomás pasando la caseta de cobro, pues además de aprovechar la pausa en la velocidad, es justo la mitad del camino si es que vamos a Monterrey. Puede ser para tomar un café, preparado en ese momento, de grano, excelente y con toda la higiene que es posible. Si vamos con un huequito por algo dulce, no duden en probar CUALQUIERA de sus panes: pan estilo Bustamante, horneado ahí mismo en horno de leña que aparte de estar delicioso, tienen ahí a la vista y si llegas temprano puedes deleitarte con el olor a panadería de rancho. Confieso que nunca había probado las coyotas, pero como la semana pasada no había pan de elote, le dí un pellizco a una de las que traía mi marido y…¡maldito momento! me declaro fan número uno del pan de elote yyyyyy de las coyotas.
Pero lo verdaderamente auténtico y súper recomendable es comer ahí. Para empezar, pues siempre vas con un poco de prisa por lo que quieres que el servicio sea rápido. (aunque se de personas que hacen viaje para comer ahí los domingos, ¿eh? bien vale la pena los 410 pesos de casetas). Cuentan con mucho personal en cocina, en el comedor y en la caja.
A ver, si estás a dieta, el recorrido por la barra del bufet, empieza por un área de ensaladas muy completas y con refill, pero también puedes pedir una pechuga de pollo a la parrilla con las verduras de tu elección.
Pero en la siguiente parte de la barra es donde nos podemos detener buena parte del tiempo. ¿Qué quieren? Cortadillo con papas, barbacoa de pozo, cabrito en salsa, alambres, carne asada, frijoles a la charra, menudo, caldo de res. ¿Se te hace mucho? Pide media orden. Quieres una orden de arroz de guarnición o guacamole o una gordita rellena de queso fresco o una panelita asada. ¿Con qué tipo de salsa, verde, molcajeteada, pico de gallo, de chile piquín? o mejor chiles toreados o envueltos en tocino? ¿Tortillas? de harina o de maíz, nomás. ¿Tostadas? igual, le tiras a las dos. Cilantro, cebolla y chilito picados finamente. Y ya que estás ahí puedes admirar la estufa de leña en donde preparan la mayoría de las cosas, el pozo de la barbacoa y a la gente que atiende la barra impecablemente uniformados. Demasiado bueno para ser verdad. Pues lo que ocurre en muchos lugares de este tipo es que tratan de no descuidar la imagen y todo lo que rodea al concepto pero se olvidan de lo esencial: el sabor, la sazón y la calidez, pero en El Rancho, hasta ahorita, no lo olvidan. Mas bien lo refuerzan y lo defienden. Se nota, pues por si algo le faltaba al lugar, a cierta hora del día o de la noche, toca un conjunto, trío o dúo de música del noreste que me atrevo a decir que son de lo mejor en su género.
En la tienda contigua puedes adquirir algunos productos como carne seca, chiles piquines en todas sus presentaciones, queso panela o Oaxaca y algunos artefactos que solo acá conocemos, como un aparato para hacer la discada o un asador con varios accesorios como para preparar el cabrito o el borrego al ataúd. Baños muy limpios, además.
Pensaron en todo. Los que utilizamos esta carretera lo agradecemos y queremos que perdure pues aunque no está en Nuevo Laredo, lo sentimos como un anexo de esta región. No se olviden de visitarlo y de probar cualquier cosa. No se van a arrepentir. Muy feliz viaje y mejor retorno.

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